Las hojas están preñadas de olor, preñadas de vida y esquinas brillantes. (Otra vez el azahar, que me arraiga, que me inunda, que es antídoto) Pero Sin embargo No obstante Siento una punzada fría, un golpe de tiempo (Le temps detruit tout, *aunque peleáramos y rasgáramos los días con uñas furiosas, dentelladas ansiosas, incursiones a un horizonte incierto que trataba de frenarnos, pero en cuya línea rota nos desprendíamos de la lógica) ¿Qué hacemos cuando se desmorona el palacio de hormigón y barro que nos abastecía de veneno y saliva, en cuya sombra y lumbre nos acariciábamos? Estoy sintiendo las palabras caer, clavarse en la cotidianeidad y la diferencia. Las imágenes están borrosas, amarillentas, y solo vislumbro, la ventisca que emerge de esta lascivia sucia que tanto disfrutamos, de este mirar furtivo que ahora se reb/vela.