Una pintura costumbrista
La luz sortea los entresijos enrejados maniatados vehementes. Una niña en braguitas, melena larga, mirada gitana, exploradora, peina a su hermana en el remanso de la tarde, en ese sabor a hielo derretido que se cuela cuando acaba el día. Los balcones se despiertan de la siesta, preparados para sostener la última cerveza nocturna, que se llena de miradas silenciadas, hormonas, y expectativas. Molesta en los ojos este ámbar cielo, estas nubes espesas. Parece que todo se oculta en esa carretera secundaria y sin segundero... solo el vaivén de las hojas, que recuerdan al de las caderas de aquellos que se desnudan...