Una pintura costumbrista

 La luz sortea los entresijos 

enrejados 

maniatados 

vehementes.


Una niña en braguitas,

melena larga, 

mirada gitana, exploradora,

peina a su hermana 

en el remanso de la tarde,

en ese sabor a hielo derretido

que se cuela cuando acaba el día. 


Los balcones se despiertan

de la siesta,

preparados para sostener

la última cerveza

nocturna, 

que se llena de miradas

silenciadas, 

hormonas,

y expectativas. 


Molesta  en los ojos

este ámbar cielo,

estas nubes espesas. 


Parece que todo se oculta

en esa carretera

secundaria y sin segundero...


solo el vaivén de las hojas,



que recuerdan al de las caderas

de aquellos que se desnudan...


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