Palimpsestos emocionales
¿Qué implica leer/ver/escuchar/tocar con el cuerpo de otra persona en tu cabeza?
Cuando tenemos una relación que implica un cierto romanticismo con alguien o algo, y este romanticismo no queda relegado a relaciones de pareja convencionales, sino que se extiende por toda nuestra red afectiva y nuestra piel que siente muy cerca a determinadas personas, resulta inevitable que pongamos nuestra atención en ciertos detalles que nos hacen pensar irremediablemente en lxs otrxs, en "lo otro" como configurador de nuestra subjetividad y fuerza afectiva que nos arrastra hacia otros paisajes psicogeofráficos, emocionales, espacios que estrechan los cuerpos que se encuentran en la distancia, que acercan las miradas que se encuentran en espacios diferentes.
Siento que leer/ver/escuchar/tocar con otras personas en la cabeza se trata de un acto de sublimación del amor, de la cercanía que falta, de las risas que suenan como eco en la cabeza. Así, cuando nos acordamos de alguien, pensamos en cómo podría impactarle aquello que leemos, vemos, escuchamos o tocamos. Como si se tratara de un acto de rebeldía contra el individualismo: no soy yo y mis circunstancias, soy yo y todas esas voces ajenas que entran en lo más profundo de mi carne, soy yo y todos esos lenguajes propios de cada relación, soy yo y todas mis interacciones que demuestran que un sujeto no puede ser por sí mismx. ¿Relacionalidad radical o romanticismo? Elijo no elegir.
Por eso, cuando pensamos en que algo le gustará alguien, estamos acercándonos, probando que las distancias físicas solo son mentales en ciertos casos, pero que nuestras subjetividades siguen nadando en conjunto río abajo...
"Como dos pequeños peces, siguiendo esa tibia corriente..."
Por supuesto, cuando se ha dado una conexión corporal-mental-espiritual, nuestros distintos fragmentos, que a su vez están formando de partes más pequeñas y así hasta llegar a la más pequeña de las unidades de medida, comenzamos un camino que nos descubre parajes fractales de nuevos estímulos, opiniones y contenidos, en los que queremos indagar, absorber para poder estar aún más cerca del otrx. Es este esfuerzo en conocer distintos parajes, este atrevimiento a dejarse afectar por el otro cuerpo-mente, este atrevimiento a exponer tus fragmentos y querer formar un rompecabezas, lo que me parece puro romanticismo. En el buen sentido de la palabra, por supuesto. Dejar que las otras tonalidades de voz resuenen en tu cabeza conforma un palimpsesto emocional, un texto vital que está compuesto de una infinidad de sub-textos que pueden adoptar la más variada de las formas: objetos, canciones, paisajes, visuales, palabras... y un largo etcétera de experiencias que pueden ser compartidas desde la propia piel que se conjuga con la piel del otrx.
Volviendo otra vez al individualismo: hay que ser valiente, en cierto sentido, para poder habitar los palimpsestos emocionales, los mapas afectivos, la vasta red neuronal-corporal. No es fácil abandonar tus propias certezas, dinámicas, opiniones. En ocasiones es difícil pensar en abandonarse, en dejarse empapar por nuevos afluentes de subjetividades, en compartir una intimidad que cuanto más compartes más se desdibuja, hasta hacerte ver el leitmotiv de toda interacción: la intimidad no existe, es compartida y está mediada por el entorno, por todos los entes humanos, no-humanos y más-que-humanos que interaccionan sin parar. Sin embargo, siempre fui una romántica, siempre quise ver en el mundo una posibilidad que tal vez no exista, siempre fantaseo con pasajes amables, psicodélicos, dulces y llenos de oxígeno. Por ello, creo que pensar/escuchar/ver/sentir con lxs otrxs es un acto radical, de abrir la mirada a aquellos cuerpos que te acompañan y rechazar una subjetividad monolítica y estanca.
Yo quería hablar de cómo lxs amantes se piensan en la distancia, de cómo se identifican aún estando lejos y he acabado hablando de política...
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