rios de partida

Me cuentas que tienes una novia nueva,

que nos llevaremos bien,

                                            (que es muy feminista y todas esas cosas) 

que también,

también,

como yo,

acaba yéndose demasiado pronto,

aunque anhele quedarse. 


                                         (nunca entendí la temporalidad de la monogamia) 

                                          (me entristece que seamos entes desconocidos la una para la otra, creo que                                                   precisamente eso es lo que el heteropatriarcado espera: la lucha, la                                                                 desconfianza, la figura de la nueva persona que debe completarte y que no                                                     puede coexistir con la figura amenazante (así lo has definido tú mismo) de lo                                                 que fue. ¿Es acaso miedo a que el pacto monógamo peligre? ¿Por qué                                                                 deshechar aquello que nos constituye, esas relaciones que nos han                                                                     moldeado? ¿Por qué siempre supone un riesgo? estoy tan cansada de                                                                 esta narrativa binaria...) 

De repente aparece esta canción y parece una coincidencia bonita y tierna, y eso que podrían haber salido una multitud de canciones que asocio a tus manos desparramando humo, a tu corporalidad esparcida por cualquiera de mis camas transnacionales. Tengo en la punta de la lengua una mezcla entre vinagre y azúcar, una bilis amarga que sin embargo deviene en un jugo dulce. Me siento triste y liberada, liberada en el movimiento que esto implica: podemos fluir, dejar ir, movernos en todas direcciones. Me da miedo, sin embargo, dejarnos ir, despedirnos, porque por desgracia me aferro demasiado a los cuerpos que me rodean y rara vez alguien coincide con mis necesidades no-románticas,no-sexuales, la necesidad de transformar un amor en algo que continúe de otra forma. 

Me alegro de que hayamos encontrado situaciones, acompañantes, cuerpos, que nos reconforten más que nuestros últimos bucles de destrucción. Así somos y hemos sido: excesivos en (casi) todo lo que tocábamos: las conversaciones, el sexo, el amor profundo y visceral que hemos sentido y nos ha consumido hasta las entrañas, las conversaciones, los paseos, las sustancias, la rabia. La rabia de no entendernos, de no poder funcionar juntos. Al final, sí que fuimos una Zona Temporalmente Autónoma, aunque yo, con mi habitual manía de escarbar la tierra hasta el fondo de las cosas, contribuyera de forma innegable a su disolución. Y recuerdo todos los puñales que nos hemos clavado por placer, la forma en la que sentía mi piel desprenderse cuando te ibas de mi lado, el hueco inerte. Así fuimos: individuales y atomizados, fusionados y (des)arraigados. Ahora siento lástima al pensar en como en ciertas ocasiones nos auto-impusimos la distancia: tú con tu miedo a la fusión, yo con mi miedo a la estabilidad. Ahora parece irónico que hayamos dinamitado estos ideales para arrojarnos en distintos brazos hogareños que se funden hasta con la mierda de debajo de las uñas. 

Quiero despedirme, porque sé que estos encuadres no encajan en una misma fotografía carcomida por el tiempo y el ahogo. Quiero paladearte y que te ancles en mi boca como ese recuerdo ralampagueante y vivo, con esas ansias de comernos el mundo que siempre compartimos, con esa fuerza que corría por mis músculos cada vez que caminábamos de puntillas, o habitábamos el estruendo frenético de una vida que relanpaguea. Con esa fiereza que caracteriza nuestra mirada y esta ternura que siempre nos hemos tenido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

sobre casas y casas y hogares y agujeros //// la casa y el cuerpo

Palimpsestos emocionales