Extrañeza (y es martes)
Estoy demasiado acostumbrada a ocupar mi tiempo con actividades de la más diversa índole -a pesar de lo mucho que me cuesta encontrar la paz necesaria para sentarme a ver una peli- pero el tiempo siempre ha sido una piedra pesada sobre mis hombros, y la necesidad enfermiza de aprovechar cada resquicio me taladra el cerebro desde que abro mi primer ojo hasta, que siempre con dificultad, vuelvo a cerrarlo.
NO OBSTANTE
Hay días que bostezan nublados, insulsos, sin un ápice de delirio o ensueño. Hay días que no puedo sino dar saltos mortales de un lado a otro -físico y mental- sin terminar nunca de afincarme en ningún maldito rincón manchado de ilusión y ganas de asomarme al precipicio de la motivación. Esta experiencia es acumulable, y evidentemente percibida por cualquier ente humano -aunque lo humano ya no me parece tan excelente, sino más bien al contrario- que transite alguna vez por este, nuestro planeta, ¿o incluso por otros planetas?
Tras una jornada de productividad bajo mínimos, cansancio acumulado, ojeras que chillan y melancolía con olor a lejía, de esa que te atraviesa los huesos y los tímpanos, me tiro en la cama tras un día pesado en el que intentar enfocar mi maldita atención en algo más allá de mi enajenación mental ha resultado una tarea sin éxito. Como es habitual cuando me hallo en esta situación algo maltrecha y pesada, decido no pensar de forma obsesiva y enfermiza en mi estado de estatismo y comienzo a masturbarme de forma compulsiva, a pesar de haber tenido un fin de semana de tirones de pelo, salivas diversas y gemidos de garganta profunda. Ya que en ocasiones parece que solo sirvo para servir a la contradicción, mientras el placer emerge de los poros de mi piel no puedo evitar pensar en la hipersexualización que rezuma de nuestras costumbres sociales, de la necesidad de desear y ser deseado, de la líbido que aumenta día a día, o desciende paulatinamente dependiendo de como mis estrógenos decidan chillar ese día. Como diría Preciado, la Potentia Gaudendi que ha sido manipulada por el capitalismo -citando de nuevo a Preciado- farmacopornográfico, y que se ha convertido en amo y señor (siempre en masculino, me revienta que no pueda ser de otra forma) de nuestras vidas cotidianas y nuestras proyecciones futuras. ¿Por qué es tan fácil recurrir a la masturbación cuando nos sentimos en la mayor de las desidias? La primera respuesta fácil es biólogica, el aumento de la serotonina, el placer luego llegan todos los discursos de amarse a unx mismx, la no-necesidad de otrx para el goce, la autonomía sexual etc. Pero creo que si ahondamos más en todo lo que este acto impulsivo conlleva, nos topamos con un muro de imposiciones (sexuales en este caso), y de este choque nacen mil y una preguntas, muy analizadas ya por el psicoanálisis, por supuesto, que terminan en un punto muerto de la apreciación y la necesidad del deseo como gasolina, como motor primario y estancado. Estancado porque resulta difícil cambiar las dinámicas heterosexuales que hemos visto y oído desde nuestra más tierna infancia, al igual que hemos sido bombardeados miles de veces por la idea de que una relación se acaba cuando termina la pasión, o, poniéndolo en términos menos eufemísticos, cuando ya no tienes tantas ganas de follar con alguien hasta la saciedad. En este punto, me llegan ideas de lo muy condicionados externa e internamente por esta necesidad loca de encontrar a algún ente con el que sintamos la necesidad de tener continuos orgasmos, aunque tal vez esto derive del control de la descendencia y de la necesidad social de procrear en el sentido más esencialista de la palabra, traer pequeñas criaturas lloronas a un mundo que tal vez ya no tenga sentido mantener. Yo solo quiero decir que es frustrante cuando crees que controlas alguna parte de tu vida y luego te das cuenta de que tal vez nunca podrás abandonar tu condición de títere que vomita capitalismo. Sin embargo, dejando a un lado las teorías que me asedian el cerebro y volviendo a mi amado lado de puro sentimentalismo, tal vez la frustración de este roce clitoriano - que sin duda he disfrutado- nazca del recuerdo ansioso y nostálgico de nuestros cuerpos exhalando vida y muerte enterrados en sábanas sudorosas y perversiones fluorescentes. Es posible que solo empañe tu ausencia con reflexiones vagas y enmarañadas que solo crean dudosas nubes de conocimiento e indecisión en mi pequeña cabeza de amante que no quiere asumir que echarte de más es una posibilidad que me gustaría experimentar, porque el menos resulta pesado y abrumador.
Como ya avisé, la capacidad de centrarme en algo fijo hoy no es psoible.
Comentarios
Publicar un comentario