Es casi verano
He visto a los gatos saltar
a través de las rejas del jardín.
Machacando su cuerpo contra
el hierro templado.
Empequeñecidos a posta,
y estratosféricos,
en un ser vigía sigiloso y
feroz.
Todos los semáforos me saludaban
escupiendo la sangre y vistiéndose
de hierba.
Y yo, andaba ligera, ansiosa,
con el cohete de la vida
entre mis brazos escuetos.
Hoy el azahar inunda
en oleadas vertiginosas
todas las esquina de la plaza,
y la psicodelia parece
no ser tan amenazante.
No hay cosa que deteste más que esperar para cruzar una carretera.
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